jueves, 1 de octubre de 2015

Corazón de piruleta...

     Ella tenía un corazón blandito, suave y generoso que creía en todo aquello que le prometían. Daba todo a cambio de nada y se dejaba llevar por sus impulsos, sin importarle el mañana. Tenía un corazón tan grande que sus latidos se oían incluso en la distancia. Era un corazón aventurero, sensible y agradecido. Hasta que un día se cansó de tantas promesas que cayeron al olvido, dejó de alimentarse de los recuerdos y se quebró con cada sinsentido. Se fue resquebrajando poco a poco, y para que no supuraran las heridas,se tapó con una capa de hierro armado. Era la única solución, dijeron los cirujanos... el corazón seguirá sano si no vuelve a sentir dolor. Y se dejó llevar por los entendidos y cubrieron el corazón de un velo pesado. Ya no volvió a ser el mismo, se volvió desconfiado, triste y malhumorado. Tal vez sus intuiciones no le llevaron a tomar las mejores decisiones, pero habían sembrado primaveras en todas sus esquinas y ahora siempre goza de un triste invierno donde apenas se ve la luna. Se sintió tan pequeñito, que se escondió durante un tiempo para que nadie lo encontrara. Aprendió a vivir en los sueños, en las sonrisas y hasta en las miradas perdidas....  pero echaba de menos un sentimiento que lo ayudara a sentirse vivo. Así que, cansado de vivir escondido decidió desprenderse poco a poco de aquella capa de hierro que lo había sumido en el olvido. Nadie entendía por qué quiso arriesgarse aún sabiendo que aquello podría causarle la muerte. El corazón se cansó de dar  tantas explicaciones ... Hoy sigue viviendo sabiendo que el día menos pensado se partirá en dos, pero no le importa, porque de nada sirven los latidos sino es por un motivo. No nació para ser piedra, nació para querer y ser correspondido y si la nada lo lleva al olvido, siempre le quedará el consuelo de haber vivido siendo un corazón de piruleta, endulzando la vida a todas las siluetas que se cruzaron en su camino...