martes, 10 de diciembre de 2013

El viejo camino

     Había una vez un hombre solitario , que vivia en mitad de la nada. Todos los días se levantaba a la misma hora, se tomaba su tazón de  café y cabizbajo con su zurrón bajo el brazo se dirigía hacia un camino intentanto llegar a otro lugar. Salía al amanecer, a media mañana tomaba el refrigerio que guardaba en su zurrón. Después de un alto en el camino para reponer fuerzas, seguía cabizbajo por el mismo camino. Nunca conseguía llegar a  ningún otro lugar. Así que, llegada la noche, caminaba de vuelta hacia su humilde casita para volverlo a intentar a la mañana siguiente.
Aunque andaba su camino cabizbajo, le molestaba la luz del sol, pero, también se enfadaba cuando el día amanecía nublado. No le gustaba la lluvia, ni el frío ni el calor. Nada era de su agrado. Pero un día, inesperadamente, encontró una enorme piedra en su camino. Como era de esperar, protestó. Luego, intentó apartarla para seguir el mismo camino por el que andaba todos los días, pero, la piedra, era tan grande que cayó al suelo ante semejante esfuerzo. Cayó boca arriba y al abrir los ojos contempló un paisaje distinto. Entendió entonces porqué siempre anduvo estancado en el mismo lugar. Vivió rodeando el valle de una montaña. Por eso, nunca consiguió salir del mimo lugar.

Moraleja : Si siempre andas mirando el suelo, jamás podrás ver el camino que se presenta en el horizonte. De vez en cuando, hay que mirar en una dirección nueva.