jueves, 7 de enero de 2016

De raíces...

     A veces las raíces se tambalean ante las fuertes tormentas. No todas tienen la misma resistencia aunque su base sea profunda. Algunas tienen la suerte de que existe quien las riegue, las cuide y las mime. Otras tienen que luchar durante toda su existencia para crecer sin torcerse y no siempre lo consiguen. He visto grandes raíces explorar caminos sin vuelta ni retorno. He visto endurecerse hasta el más débil de los arbolitos y en ocasiones he contribuido a enderezar aquellos que se creían dormidos e inservibles. Desde la barrera es fácil observar, lo difícil es pringrarse las manos y arañarse las rodillas para intentar salvar alguna raíz en peligro. A veces, toda ayuda es poca y aunque no veamos el progreso de inmediato, toda buena acción, tarde o temprano tiene su recompensa.  Se duerme mejor y más cómodo ante la sombra de un buen árbol, pero toda buena corteza requiere de unos cuidados que no siempre estamos dispuestos a dar, porque a veces es más cómodo mirar para otro lado y dar por perdido lo que ni siquiera hemos intentado. Mira de vez en cuando hacia el interior de tus raíces y descubrirás caminos que no habías explorado y de vez en cuando, tiende tu mano a las raíces más débiles para que crezcan con el ejemplo y no con la vergüenza de haber sido ingnorados. Cuando mires a alguien, fíjate bien en sus raíces y no te fijes en la flor que lo adorne, porque en otoño corres el riesgo de no saber qué hacer cuando sus hojas se marchiten.