lunes, 9 de junio de 2014

Todo cambia, nada permanece...

    Todo cambia, nada permanece... ni nuestros miedos, ni nuestras alegrías nos acompañan de por vida. Se mueven al son del viento, y nos desprendemos con cuidado de aquello que ya no nos importa. Y lo que un día nos preocupó, con el tiempo hasta lo olvidamos. Las alegrías son momentáneas y las risas furtivas. Los miedos insistentes y los llantos esporádicos. El dolor se olvida aunque la herida nos  recuerde que estuvo ahí. Las canciones pasan de moda, los besos ya no se dan  y las caricias se pierden. Las huellas se borran y el tiempo nos persigue y nos arrastra con él aunque nos aferremos a un mísero segundo. Tan solo un olor consigue devolvernos al lugar y momento precisos, tan solo un olor se mantiene fresco en el tiempo. Se marchitan las flores y se olvidan las personas que una vez lo fueron todo, se borran las caras pero se conservan las miradas. Se vive y se siente en tiempo presente, se vive y se muere en tiempos ausentes... Conservamos lo que no debemos y nos olvidamos de lo que queremos. Por suerte todo cambia, nada permanece... 

“Todo fluye, todo cambia, todo nace y muere, nada permanece, todo se diluye; lo que tiene principio tiene fin, lo nacido muere, y lo compuesto se descompone. Todo es transitorio, insustancial y, por tanto, insatisfactorio. No hay nada fijo de qué aferrarse.” Buda