lunes, 27 de mayo de 2013

Una tarde cualquiera...


Aquella tarde se presentaba distinta, ajetreada. Intentaba convencerme a mí misma que nada fuera de lo normal iba a ocurrir, todo sería igual, aunque muy en el fondo sabía que no era así. Algo había cambiado, yo había cambiado y él tambien había cambiado.Se acabaron las excusas para aplazar lo inevitable. Quedamos para cenar como cualquier otro día, tal vez sin querer me arreglé más de la cuenta. Con nada me veía bien…Habíamos quedado en el restaurante de siempre, de camino intenté autoconvencerme que todo seguiría siendo igual, que daba igual lo que pasara, si bueno ó malo, lo asumiría. A veces la mente nos juega malas pasadas e inventa y supone mil situaciones. Yo me había puesto en lo peor, pero inconscientemente quería que ocurriera lo que estaba deseando pero no me atrevía a reconocer. No sé cómo ni en qué momento dejé de verlo como aquel amigo con el que compartía bocatas, caramelos, cine , juergas y noches y noches de charlas incansables. No sé en qué momento ocurrió, pero… cuando fui consciente, ya era tarde para frenar los sentimientos. No quería pararlos, no quería ocultarlos, no me atrevía a mencionarlos… Tal vez veía donde no había, tal vez el sentía lo mismo que yo, tal vez me estaba equivocando, tal vez me estaba apresurando, tal vez lo estaba provocando, tantos tal vez se agolpaban en mi cabeza que cada latido latía más y más fuerte. Sentí algo en el estómago distinto a lo habitual, quizás esas mariposas de las que todo el mundo habla y que solo aparecen en momentos inoportunos. Ya era tarde para dar la vuelta, estaba frente a la puerta del restaurante, respiré hondo, intenté no parecer nerviosa, dibujé una sonrisa y pisé con paso firme. Las luces aún a medio encender daban a la sala un aspecto romántico, el aroma de las velas y el toque de color de las flores, tan apropiadas para la ocasión. Lo divisé sentado al final de la sala, reconocería su silueta en cualquier lugar, me acerqué, se giró, me miró, durante unos segundos sus ojos se clavaron en los míos y entonces no tuve dudas. Sólo él sabía sacar lo mejor de mí… Aún queda mucha noche y sus ojos han respondido a mis dudas. Sobran las palabras, es él… solo él quien me hace suspirar….


Para tí  H.Q..,,, ya sabes...

Todo aquí es inventado, cualquier parecido con la realidad es pura casualidad.