martes, 2 de octubre de 2012

LOS SECRETOS PÚRPURA...


   Hoy me despertaron los rayos del sol que
atravesaban la fina y transparente cortina. Sin
más me levanté, con mucho cuidado de no hacer
ningún ruido para no despertar a Leo, pero,
sin querer tropecé con no sé qué. Por suerte su
sueño era profundo , al menos eso creía y me
apresuré a salir a la terraza. Me impregné del
olor de la brisa del mar y entonces sentí como
algo acariciaba mi pelo. Era Leo, con la dulzura
que le caracteriza, con ese gesto suave que sabe
que tanto me gusta.
El día comenzaba casi perfecto, en un lugar casi
mágico, entre un clima suave … y ligero.
Envuelta aún entre las blancas e inmaculadas
sábanas , mi piel aún olía a su piel…

Unas horas después…
Tras el dulce despertar  la realidad se abrió paso
ante las  numerosas cajas que  rodeaban la
habitación.
 Nunca imaginé lo dura que podría ser una
mudanza. Por suerte  contaba con la ayuda de
Maria, mi mejor amiga,
y como no de Leo, mi paciente marido.
Estábamos recién casados y  aún no habíamos
tenido tiempo de abrir todos los regalos que
recibimos en la boda . Pero entre aquella
multitud  había uno que sobresalía de entre los
demás por su tamaño.
Al abrirlo descubrimos un precioso
sillón de color púrpura. ¡  Por fin ! pensé, un
regalo que si que estaba en la lista de bodas .
       Me pareció increíblemente bonito, además
era suave, esponjoso y muy cómodo. Se convirtió
sin duda en mi mueble preferido de toda la casa.
Una vez que todo estuvo en orden, no
pensaba más que en estrenar el sillón. Así que,
después de comer decidí echar una pequeña siesta
que sin duda necesitaba. Me quedé dormida de
inmediato y tuve tiempo incluso de soñar. Pero
los sueños me resultaban bastante extraños . Y
aunque no sabía muy bien de qué iban  no tardé
en descubrirlo. Cada vez que me
sentaba en aquel sillón, me sentía diferente .
 Era como si me trasladara a otro lugar.
Me sentía tan bien, que no era capaz
de expresar lo que aquel sillón me hacía sentir.
Aquel sillón púrpura ocupaba un lugar
privilegiado en el salón de mi casa, junto a la
ventana, y cerquita de la mesa. Allí me gustaba
observar  el bonito paisaje siempre que quería.
Pero  cada vez que me  acomodaba en aquel sillón
volvían aquellos   extraños sueños.
Analizándolos, comprendí, que era la forma en la
que el sillón me hablaba.  Ya que en aquellos
sueños me advertía de peligros y me hablaba de
los miedos de las personas que me rodeaban. Fue
así como logré ayudar a algunos amigos.
Nunca supe quién me regaló aquel sillón, ni el
porqué de aquella magia. Solo sabía que era real. 
Un día, decidí contar a mi marido lo que me ocurría cada vez que me sentaba en aquel sillón. Me miró un poco incrédulo, ya que le resultaba muy extraño todo aquello que le estaba contando. Le dije que lo probara, pero, no funcionó. Aquel sillón solo desplegaba su magia conmigo. La verdad es que dejé a Leo  muy preocupado, pero pensó que seria una consecuencia de la mudanza, por aquello del cansancio.
 Cada vez que alguien nos visitaba, aquel sillón me mostraba el pasado, presente y futuro de aquella persona. No lograba comprender cómo ocurría aquello, incluso tuve que actuar de manera muy astuta para que nadie sospechara nada, pues, no quería que me tomaran por loca o algo así. De esta manera me convertí un poco en la confidente de la familia, aunque nadie sabia que jubaga con ventaja. Al principio me  mostraba un poco cautelosa, porque, para mi  también era algo raro. Pero con el tiempo y mucha práctica se convirtió en algo tan habitual, que llegué a dominar a la perfección. Me agradaba ayudar a los demás. Y cada vez que lo conseguía, la siesta en aquel sillón era mucho más placentera.  Era como una recompensa.
 Pero  un día, desperté en mitad de la noche, un olor extraño me desveló. Era un olor a quemado, desperté a Leo y bajamos juntos al salón. Estaba todo en llamas, pensé de inmeditato en mi sillón, pero, era imposible rescatarlo.
Se abrió una investigación, en la que determinaron que la causa de dicho incendio fue un cortocircuito provocado por la farola del jardín. No me importaban los muebles, pues, los podía volver a comprar, pero el sillón, mi sillón, que nunca supe de dónde había salido… Empecé a buscar por todas las tiendas para ver si podía encontrar otro igual, tal vez no fuera mágico, pero, necesitaba aquel sillón. Su sitio siguió vacío,  y no hubo manera de encontrarlo.  Un buen día, cuando ya había perdido toda esperanza, sonó el timbre, me dirigí a abrir la puerta y para mi sorpresa no había nadie, tan solo, una enorme caja frente a mí. Pedí ayuda a Leo, para meterlo dentro de casa. Y al abrirlo, no podía creerlo!!! Era un sillón púrpura, igual al que se quemó. Aquella caja no tenía remitente, no había sobre, ni cartero, ni tampoco lo había mandado ninguna agencia. Una vez más, aquel sillón apareció en mi vida como de la nada. Sentí un enorme gozo en mi interior, y aunque ni  siquiera mi marido fuera capaz de entender cuánto significaba aquello para mí, se alegró de que apareciera sin más. Así que lo llevé a su lugar, al lugar que le pertenecía. Y durante años soñé placenteramente en aquel sillón púrpura cómplice de mis sueños, miedos y deseos. No sé de dónde salió, quién lo mandó o a quién pertenecía. Solo sé que llegó a mi vida por algo, tal vez, algún día en algún sueño me sería desvelado…